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Conocer desde el Programa

 Si se desea conocer un partido político debe examinarse su Programa y repasar su actuación anterior  en la práctica política. 
Reflexionemos sobre lo primero. Hay Programas que expresan claramente las propuestas de la derecha más conservadora. Pero otros pueden tener promesas demagógicas que sus autores no piensan cumplir en absoluto.  Un Programa puede ser una trampa de promesas falsas  para frenar los cambios verdaderos. 
¿Cómo detectar una propuesta falsa?
En primer lugar, confrontando las promesas con la actuación anterior. Es común en los partidos de Gobierno, cuando empiezan a desprestigiarse, inventar en sus propias filas  algún “renovador crítico” que frene la pérdida de votantes. A estos falsos renovadores se les puede desenmascarar por su actuación en el pasado reciente, por la diferencia entre su vehemente discurso  y su silenciosa complicidad con las acciones que dice cuestionar, o porque relativizan lo mal hecho, o porque intentan desviar la atención pública para otro lado.
Pero en segundo lugar, la falsedad se detecta examinando las incoherencias del propio programa que levantan. Esto es muy importante: ¿cómo evaluar si un Programa es auténtico, cómo evaluar si sus redactores se proponen verdaderamente cambios en un sentido popular?
Desde luego, el primer elemento de análisis sigue siendo la conducta pública de sus proponentes. Pero la propia estructura del Programa nos da pistas para saber si es demagogia  o si es un camino real hacia un proyecto socialmente solidario y ambientalmente sustentable, hacia la ruptura de las cadenas trasnacionales que nos aprisionan. 
El programa de la UP tiene en cuenta los temas esenciales en la vida del pueblo trabajador: trabajo, vivienda, salud, educación, seguridad. Pero después de una breve introducción sobre fines y objetivos, su articulado no empieza por enunciar estas metas,  sino por describir los pasos imprescindibles, previos, para que haya conquistas populares efectivas y permanentes, conquistas que no estén atadas a las coyunturas del mercado exterior ni al dictado de las trasnacionales saqueadoras.
Por eso, el primer punto de nuestro Programa es la denuncia de la “deuda pública”, heredera de la “deuda externa”. 
Un préstamo puede ser útil y hasta necesario para un proceso de desarrollo. Pero la “deuda externa” fue un mecanismo maligno creado por el FMI que le permitió intervenir en la política interior de los países endeudados y  desarmar sus defensas ante el saqueo extranjero. Nuestros  gobiernos  pagaron una parte de esa  deuda incobrable endeudándose con otros inversores, a través  de títulos y bonos anónimos. El cambio de amos buscó  hacer la deuda más difusa, borrando las huellas de la inmoralidad y la ilegalidad de su origen.  
No hay soberanía de un Estado sin romper esas amarras siniestras. La moratoria, la auditoría, y hasta el no pago, son metas sólo posibles con un pueblo altamente movilizado y son más accesibles aún  si logramos una coordinación de deudores. 
Este primer punto, esta ruptura sin la cual no hay soberanía verdadera, no significa que la UP renuncie a luchar por objetivos más accesibles y urgentes. Y aquí volvemos a la conducta pública: la gestión de nuestro  diputado y su equipo, el análisis sereno de lo que se puede proponer aún en una correlación de fuerzas adversa,  explican este nexo entre lo que es posible hoy y lo que será posible mañana… por lo que construyamos hoy.
En estos primeros artículos del Programa de la UP, el tema de la Deuda Pública va indisolublemente unido al rechazo a los TLC, y a la resistencia contra las “cartas de intención” firmadas  con organismos mundiales que están al servicio del saqueo imperial. Se plantea terminar con la renuncia del Estado a su soberanía porque actualmente se acepta que si hay litigios entre el Estado y las trasnacionales que nos roban, el juez  sea el Banco Mundial y no la justicia uruguaya.
Planteamos de inmediato la estatización de la banca y del comercio exterior, y terminar con la dolarización. Y aunque parezca extraño a muchos “ecologistas”, no hay soberanía alimentaria sin soberanía monetaria. Pero de eso les propongo hablar más adelante.

 

(*)Maestro e historiador, candidato a la Presidencia por Unidad Popular
 

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