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Anexo al Programa Oficial de Unidad Popular (a cap. 16 Ciencia y Tecnología)

1- Contexto

 

En las décadas de 1960 y 1970 se produjeron en América Latina importantes movilizaciones de las masas populares, constituidas por la alianza de obreros, capas medias, estudiantes, intelectuales y sectores progresistas de la burguesía nacional, que fortalecido por la Revolución Cubana, se constituyeron en la base social de un programa político antiimperialista, que en estas circunstancia instaló la cuestión de la ciencia y la tecnología en la lucha por la liberación nacional.

En este proceso de masas se fue redescubriendo (en cuanto no era una novedad en la historia de la secular lucha de los pueblos latinoamericanos contra la opresión extranjera) cómo en ese último tercio del siglo XX operaban las relaciones de dependencia en la construcción de políticas en ciencia y tecnología funcionales a la estrategia imperialista en beneficio del capital financiero. Se clarificó que el desarrollo de la ciencia y la tecnología según el modelo hegemónico mundialmente, es una cuestión política cuya resolución se define en la lucha de clases.

El reconociendo de este contexto histórico-social es necesario como fuente de información para elaborar e incorporar a nuestro programa, con una razonable certeza de su viabilidad, la cuestión de las políticas en ciencia y tecnología.

A la ciclópea tarea política de levantar, contra el modelo económico neoliberal imperante, las bases materiales para lograr la independencia económica, corresponde construir, como herramientas que participen activamente en esos combates, políticas educativas y científico-tecnológicas organizadas para la lucha a favor del modelo económico y cultural antiimperialista.

Para lograrlo es preciso definir políticamente qué cambios proponemos en la estructura del sistema actual en ciencia y tecnología que se ha instituido en los gobiernos del Frente Amplio, para revertir la función que cumple al servicio del capital extranjero, tal como se ha consagrado legalmente con la creación del Sistema Nacional de Competitividad y Desarrollo.

Como colaboración, de cuyas limitaciones soy consciente, que estas notas son simplemente un aporte a la discusión programática que organiza la Unidad Popular para las nuevas instancias políticas. Por tanto, me he limitado a presentar un esbozo de lo que me parece es un antecedente histórico adecuado como guía para las circunstancias actuales y algunas reflexiones de cuáles son las condiciones que debemos enfrentar y salvar, para definir nuestro proyecto en el campo de las políticas científicas y tecnológicas. Al final agrego sugerencias para tener en cuenta.

 

2- Un caso de política en Ciencia y Tecnología en la historia del Uruguay


La creación de la Facultad de Medicina (1876), la reforma de la enseñanza primaria (1879) y la Ley Orgánica de la enseñanza secundaria y superior (1885) un cambio estructural e ideológico en todo el ámbito educativo nacional alineado con las orientaciones filosóficas del positivismo spenceriano y la influencia del materialismo darwiniano. Bajo la influencia de la concepción cientificista del positivismo se formó una generación de jóvenes universitarios que colocaron como clave de su formación profesional el estudio y la investigación en el campo de las ciencias físicas y naturales y promoviendo la importancia social de la carrera de ingeniería.

En las dos últimas décadas del siglo XIX, en medio de apasionados combates políticos e ideológicos sobre el destino del país, se puso en marcha un proyecto económico proteccionista, intervencionista y estatista y, en consecuencia, una política en ciencia y tecnología, dirigidos ambos esfuerzos a lograr la independencia económica y la autonomía cultural.

Como afirma el historiador Peter Winn, “en 1900 el Uruguay era inglés” (1) pero el ascenso al poder de un sector político representativo de la incipiente burguesía industrial y sectores de las capas medias y pequeña burguesía, bajo el liderazgo de José Batlle y Ordóñez, colocará como cuestión central del programa político de su gobierno el modelo estatista de nacionalismo económico y movilizará a los universitarios egresados de la universidad reformada como gestores de la creación de un sistema científico y tecnológico nacional coadyuvante con tales propósitos..

El “batllismo”, teniendo como prioridad el independizarlo del imperialismo inglés abrió para el país un período de convulsiones sociales y arduos combates políticos, con la cruenta guerra civil como preámbulo. Tomando como fuente de su política económica y social la experiencia internacional del Capitalismo de Estado, la construcción de una política en ciencia y tecnología se convirtió en uno de los más eficaces instrumentos políticos para alcanzar esos objetivos. En ambos casos el batllismo adaptó la teoría y práctica de estas políticas tal como se habían ejecutado en Alemania, y para ello, contó con la colaboración de científicos y técnicos alemanes contratados especialmente como ingenieros, geólogos, biólogos, agrimensores.

En la historia del Uruguay contemporáneo la política en ciencia y tecnología que impulsó la burguesía industrial en el período de apogeo del Capitalismo de Estado (1911-1933) ha sido la única que logró organizar exitosamente un sistema de investigación y desarrollo (I+D) estatal orientado a promover el desarrollo económico y científico autónomo.

Su mayor éxito radicó en forjar instituciones financiadas con recursos propios y comunidades científicas profesionalizadas, técnicamente calificadas e ideológicamente formadas en el nacionalismo económico, desde las cuales se privilegió la integración de la investigación, la docencia y la producción en directa vinculación con el objetivo de industrializar el país y la soberanía energética.

El sistema se organizó con cuatro institutos estatales, Instituto de Química Industrial, Instituto de Geología y Perforaciones, Instituto de Pesca y Estaciones Agronómicas, y ante la carencia cuadros de dirección de científicos y tecnólogos nacionales profesionalmente, se optó por contratar profesionales extranjeros. Se debe subrayar el carácter político de la selección internacional, pues para ocupar estos cargos de dirección no se contrató a ningún técnico de origen británico y que, en definitiva, la mayoría de ellos se quedaron a vivir en el país.

En referencia a esta política nacionalista transcribo párrafos de un artículo crítico que Carlos Quijano escribiera sobre “la llamada ayuda técnica” que nos ofrecen los organismos financieros internacionales: “Técnicos apátridas –a los cuales hacen coro y rinden pleitesía otros técnicos indígenas y vernáculos dados al desarrollismo y a los entresijos con las instituciones foráneas- nos enseñan como a los tribales, a organizar el Correo, a manejar la mesa de cambios del República, a elaborar censos, a hacer reformas agrarias, a reorganizar las escuelas, a cultivar la tierra, a confeccionar presupuestos por programas y hasta criar ganado.(…) Pero bien distinto es elegir y contratar nosotros, nosotros que somos un país, técnicos y maestros, a que esos técnicos, nos sean impuestos desde fuera. No era necesario que existieran marbetes, siglas y demás para que Batlle y Eduardo Acevedo, por ejemplo, contrataran a Boerger o a Walter o a Carré que tanto y tan bien nos enseñaron, que tanto y tan bien hicieron por el Uruguay. Pero éramos nosotros los que elegíamos a nuestros maestros; éramos nosotros los que los pagábamos; era para nosotros, de acuerdo con nuestras necesidades, nuestros propósitos y nuestras exigencias, que trabajaban. De nadie más dependían; de nadie recibían instrucciones. Eran nuestros colaboradores y guías. No los servidores de instituciones extranjeras.” (2)

Este fue el camino de cooptación de fuerza de trabajo altamente calificada, que fue la fórmula descubierta por el batllismo para reinvertir “la fuga de cerebros. Operativo que no era más que reproducir la metodología inventada por el capitalismo para efectivizar la apropiación de conocimientos, aunque en este caso no suponía una expropiación. El sistema de apropiación de conocimientos alcanzó niveles más altos, con las misiones de estudiantes y profesores universitarios enviados por el gobierno a los más importantes países del mundo capitalista, con la finalidad de estudiar la organización de las actividades productivas e institutos de enseñanza científica y tecnológica de niveles secundario y superior.

Quiero detenerme especialmente en la orientación política de estas misiones, tomando el caso de las becas a seis estudiantes de la Escuela de Agronomía que durante un año (junio de 1911-junio de 1912) visitaron Europa, Estados Unidos y Australia, “con el propósito de preparar al personal superior que ha de tomar a su cargo la transformación económica de la campaña, mediante la incorporación de los procedimientos más adelantados y de las industrias más productivas”.(3)

¿Cómo encararon ese viaje de estudio? Una singular frase del informe que presentaron al gobierno, lo aclara: “robar todo lo que pudiera ser útil a nuestro país”.(4) 

¿Cuál fue su metodología? En pocas frases despejan cualquier duda: “Curioseábamos todo lo posible, para lo que nos metíamos en todos los rincones, recordando a veces irónicamente el efecto de las manas de langostas. Pero en poco tiempo había que ver y averiguar mucho, y las preguntas llovían y ¡cuánta habilidad había que desplegar para saber ciertas cosas que algunos no deseaban decir, pero que por mil vías indirectas llegábamos a saber! (…) Todos los medios eran buenos, con tal de que se reuniera el material útil para el país.” (5)

Pero estos jóvenes universitarios no se apropiaron de conocimiento sin ton ni son. Su concepción del mundo se había forjado desde la escuela de José P. Varela hasta la enseñanza secundaria y universitaria de Alfredo Vázquez Acevedo. Por tanto aprendieron que no era cuestión de copiar el modelo extranjero, y desde esa perspectiva concluyeron “de que cada país tiene sus modalidades a las que deberán ajustarse sus organizaciones y por lo tanto el Uruguay espera y necesita organizaciones de acuerdo absolutamente con sus condiciones…”(6)

Las casi 1.400 páginas que componen los dos volúmenes de informe (y de los tantos otros que se fueron presentando por otros grupos de viajeros) reflejan estas premisas con las que se construyeron los basamentos ideológicos de la política en ciencia y tecnología del Capitalismo de Estado. que, además, correspondiendo a la nacionalización y estatización de los servicios públicos, tendía a lograr la independencia económica liberando al país de su dependencia del imperialismo británico. Este fue el programa político de la burguesía industrial nacional cuyo objetivo era hacer viable el capitalismo autónomo en un país dependiente, es decir, oprimido por el imperialismo. Lo que hay que destacar es la audacia con la que se encaró semejante empresa la cual, tendiendo la mirada hacia la tragedia que padeció la experiencia del Paraguay de Francia y López, arriesgaba correr la misma suerte. Las contradicciones entre sectores de la clase gobernante evitaron la repetición de aquel desenlace, de ahí, que sin necesidad de un genocidio, no más de tres décadas necesitó el imperialismo para reencauzar en la plena senda de la dependencia al díscolo.

Esta política concentró las virtudes y las debilidades de clase de la burguesía industrial de un país dependiente. Su mayor virtud fue su capacidad para construir una estructura institucional en directa confrontación con el imperialismo británico, debilitando profundamente las bases económicas y sociales sobre las que se asentaban las relaciones de dependencia. Su debilidad residió en que la estrategia para conquistar y retener el poder le obligaba a abrir un frente contra sus enemigos internos, terratenientes, banqueros, comerciantes, las poderosas clases aliadas del imperialismo británico, lo cual exigía efectuar simultáneamente dos arriesgados operativos políticos, que le posibilitaran industrializar el país y conquistar el mercado interno. Nada más y nada menos que la adopción del programa histórico de las burguesías nacionales en su lucha por la realización del capitalismo en un país dominado por el capital extranjero; en el caso del batllismo tomando como referencia la experiencia exitosa a los Estados Unidos y adoptando los presupuestos teóricos del proteccionismo expuestos en la obra Sistema Nacional de Economía Política del economista alemán Federico List.

Es ilustrativo registrar la estrategia de la burguesía industrial en su confrontación con el imperialismo británico y sus aliados nacionales. Por un lado trató de utilizar las contradicciones entre las naciones imperialistas, apoyándose en los competidores de los ingleses que pugnaban por dominar espacios económicamente apetecibles del mercado mundial, como los del Río de la Plata. Con tal objetivo se abrió, en etapas y con gobiernos diferentes, a la “ayuda” económica y técnica de los Estados Unidos y de Alemania. Las vicisitudes del proceso histórico que cubre el período entre el fin de la primera guerra y la segunda guerra mundial (1918-1945) determinó la hegemonía mundial del imperialismo yanqui y la sujeción del Uruguay al nuevo poder colonizador.

En el frente interno la estrategia de la burguesía industrial estuvo dirigida a construir una amplia base social integrada por las capas medias urbanas, pequeña-burguesía y sectores trabajadores. Fueron precisamente jóvenes profesionales e intelectuales pertenecientes a las capas medias y a la pequeña-burguesía quienes participaron activamente desde puestos relevantes del Estado, de la Universidad, en los directorios y jefaturas de los entes estatales y en el proceso de constitución de las comunidades científicas y tecnológicas. Si bien la burguesía pudo movilizar con cierto éxito a esos sectores, su condición de clase dominante no pudo, en definitiva, tampoco controlar las contradicciones sociales entre explotadores y explotados que, aunque se propusieran amortiguarla con el democratismo político y el reformismo social, era inevitable que se agudizaran al interior de ese frente político. Y, en definitiva, fueron todas estas contradicciones las que determinaron la frustración de este proyecto social.

Pero esta es una formidable experiencia nacional cuyas lecciones, reitero, nos debe servir de guía, en tanto nos ayuda a construir, teniendo presentes los factores económicos y sociales que pueden obstaculizar su desarrollo, un sistema científico-tecnológico, desde una perspectiva ideológico-política, que exprese los intereses y necesidades de las clases oprimidas por las oligarquías gobernantes y sea radicalmente antagónica con el imperialismo.

Finalmente, no se trata de ser apologistas de la burguesía, por más nacional que sea, sino compartiendo con la afirmación de Lenin, “no se puede ser marxista sin sentir el más profundo respeto por los grandes revolucionarios burgueses…”(7), en nuestro caso hacemos extensivo ese respeto histórico a quienes desde posturas democrático-burguesas avanzaron en la lucha contra el imperialismo británico.

Precisamente son las perspectivas políticas actuales las que avalan como altamente positivas y vigentes las enseñanzas que recibimos de este modelo económico, social, educativo y científico-tecnológico que se puso en acto en este período del Capitalismo de Estado.

La inmensa fuerza de sus enemigos, el imperialismo, los terratenientes, la burguesía compradora, y la banca son nuestros enemigos. Enemigos que están presentes e interviniendo a través de sus agentes gremiales y políticos, la Asociación Rural del Uruguay, la Federación Rural, la Asociación de Bancos, etc. así como los embajadores y cónsules de las potencias imperialistas y los asesores de las empresas extranjeras. Para estas fuerzas económicas y sociales antinacionales la independencia económica y la soberanía energética, concentrado en la divisa “bastarse a sí mismo”, eran y aún lo son, anatema. Es de las enseñanzas que nos dejan sus éxitos y fracasos ante tales enemigos, se pueden impulsar estrategias y tácticas adecuadas para viabilizar políticas en ciencia y tecnología, funcionales a las luchas por la liberación nacional y el socialismo.

 

3- ¿Qué hacer?


El sistema científico hegemónico es la forma institucional creada por la burguesía con la finalidad de hacer ciencia al servicio del capital. En consecuencia las políticas en ciencia y tecnología experimentadas a lo largo de los últimos 250 años son los instrumentos que utilizan los gobiernos de las grandes potencias capitalistas y por extensión del dominio del capital financiero los gobiernos de los países dependientes, con la finalidad de orientar y controlar, a través de la financiación, la producción científica y sus aplicaciones.

Esta situación nos impone, que previo a presentar cualquier propuesta, haya que tomar conciencia que heredamos una red de estructuras institucionales legalmente establecidas, socialmente legitimadas, y avaladas por la comunidad científica internacional de un proceso histórico que se inicia en el siglo XVIII, a cuyos actuales centros hegemónicos de Estados Unidos y Europa nuestro sistema institucional y sus comunidades científicas están integrados.

Si el objetivo del programa político de la Unidad Popular para el próximo período es, como entendemos cambiar su matriz ideológica y la orientación económica y social liberales de las políticas educativas y en ciencia y tecnología, no se pueden soslayar las condiciones materiales y formales que, funcionales a las exigencias que prescribe esa integración internacional, han sido establecidas como normativas consolidadas por los poderes que dominan esa red.

Nos enfrentamos a una situación muy compleja por la fortaleza de las fuerzas sociales que a nivel internacional y nacional, están comprometidas en impedir cambios radicales. Concretamente, se requiere establecer una estrategia que evite dar un salto en el vacío, como sucedería si se planteara inicialmente, como política en ciencia y tecnología, un cambio radical de las estructuras del sistema establecido, sin advertir que son necesarias etapas previas que resuelvan como condición necesariamente prioritaria la forja de una masa crítica de cuadros de científicos y tecnólogos que militen al interior del sistema a favor de una política alternativa a la impuesta por el capital financiero.

Sin duda esta es una ardua y compleja tarea, que requiere mucho tiempo, dedicación, cautela y paciencia, en el entendido que el objetivo final es modificar radicalmente la concepción cientificista hegemónica que está incorporada como matriz única y de validez absoluta en las comunidades científicas y que se acepta pacíficamente como la única política viable para orientar y dirigir las actividades educativas, científicas y tecnológicas.

Tanto el proceso de formación curricular condición para ingresar al sistema como la adaptación de los científicos al paradigma hegemónico desde su incorporación al mismo, moldean sus cerebros a las concepciones burguesas sobre la función de la ciencia en el capitalismo. Si bien este proceso de formación y adaptación estimula técnicamente la capacidad creativa de los científicos en relación con las actividades de investigación (métodos, técnicas operativas, utilización de instrumentos, etc.), trata de devaluar el papel de la ciencia como un factor de relevancia política en las contiendas sociales. Estos dos objetivos reflejan al interior del sistema científico las contradicciones que se manifiestan de las luchas de clases, que la burguesía ha tratado de resolver desde que se exteriorizó con toda su peligrosidad en el juicio y condena a Galileo. La mayoría de las concepciones epistemológicas provenientes de los historiadores y filósofos de la ciencia no pueden dejar de reconocer que la ciencia está expuesta a presiones externas, pero sustentan la producción de conocimiento científico en el cumplimiento de lo que se denomina “imperativos institucionales”, prescripciones obligatorias para el reconocimiento de las comunidades científicas, entre las que se destaca la exigencia de la neutralidad ideológica y política. Este es un ideal siempre incumplido, únicamente se aplica en períodos de crisis políticas internacionales o contra los esfuerzos de los países socialistas cuando intentaron un cambio en las matrices impuestas por el capitalismo.

Pero en el caso de las políticas en ciencia y tecnología se pueden violar cada uno o todos los imperativos institucionales, en tanto no se incumpla con el principio de que la ciencia cumpla su papel de servidora del capital.

Desde las primeras décadas del siglo XX, con las únicas variables en cuanto a las opciones de adopción de los modelos vigentes de producción de conocimiento, todos los gobiernos nacionales, explícita o implícitamente, han efectivizado políticas en ciencia y tecnología formalmente aceptando estas prescripciones. Incluso, la aplicación en distintos períodos de gobierno de concepciones económicas opuestas y que incidieron en la producción de conocimiento, no implicaron ningún cambio de la matriz del modelo capitalista. Precisamente, el conjunto de los elementos constitutivos del sistema científico nacional, especialmente los colectivos de científicos y tecnólogos se construyeron en concordancia con las premisas importadas de los centros capitalistas de producción científico-tecnológica.

El factor político decisivo, que se supone resguarda y asegura las cualidades del sistema, radica en haber instalado una serie de controles internos que bloquean cualquier intención de subvertirlo.

Hasta el 2005 esos controles eran ejercidos por cuadros provenientes de los partidos de la derecha tradicional. El triunfo electoral del F. A. indujo a pensar que en el campo de las políticas en ciencia y tecnología iba a producirse un cambio radical. Nada de esto sucedió.

Con los gobiernos del F. A. los obstáculos que para evitar los cambios revolucionarios al sistema se han hecho más consistentes, matizando con una envoltura de “izquierda”, las prácticas que no solamente ocultan las características de clase del sistema, sino que beneficia al gran capital extranjero.

Actualmente nos encontramos en situación análoga a la que planteara Friedrich Engels cuando le señalara a Augusto Bebel que “necesitamos gentes con instrucción técnica y en masa”. Esta falta de cuadros científicos es nuestra debilidad. Precisamente, no es que entre los militantes y adherentes a la U. P. no haya compañeros de alta calificación profesional y técnica (algunos de ellos de destacada actuación como universitarios y académicos); la cuestión es que son cuantitativamente insuficientes, lo cual los margina y a los controladores del sistema les permite aislarlos evitando que puedan incidir políticamente dentro del sistema. Y sobre esto, agrego, que lo que falta es organizarnos políticamente para actuar como un colectivo coherente con un programa alternativo que vaya más allá de las consignas. El universo ideológico de las comunidades científicas es políticamente muy complejo, pues en general está formado por profesionales muy influenciados por las concepciones pretendidamente de “izquierda” del oportunismo progresista.

Por estas circunstancias, el F.A. desde el gobierno agrava esta situación. Los cuadros políticos del gobierno, integrado en su mayoría por profesionales universitarios pertenecientes muchos de ellos en décadas pasadas, a partidos y movimientos de la izquierda uruguaya, han sido cooptados por el capital financiero actuando en la administración estatal en los cargos superiores de dirección de los ministerios y entes autónomos, como representantes de los organismos financieros internacionales.

En El Capital Marx advierte de esta estrategia: “Cuanto más capaz sea una clase dominante de incorporar a los hombres más eminentes de las clases dominadas, tanto más sólida y peligrosa será su dominación.” (8)

Actúan así un Caballo de Troya técnicamente calificado, con el membrete de izquierdistas, pero cumpliendo en realidad en su condición de intelectuales orgánicos de la clase dominante. (Gramsci)

En el caso específico de las políticas en ciencia y tecnología, han principado por alinear el sistema científico de acuerdo a los intereses económicos del capitalismo financiero, encargándose de formar nuevos cuadros de especialistas que ubicados en los más altos niveles institucionales de dirección, administración y gestión, le asegura a la burguesía internacional el dominio del sistema.

Las comunidades científicas están siempre bajo sospecha de los poderes económicos y políticos, de ahí que siga vigente la consigna de Platón de que los científicos necesitan de un tutor. Operativo policíaco que instalado en todas las instituciones de producción de conocimiento, abarca desde sofisticadas maniobras epistemológicas hasta directas represiones de carácter administrativo. (9)

Esa tarea ha consistido, en la época del capitalismo, en vigilar y bloquear cualquier tentativa de subvertir sus bases desde posiciones de izquierda. El control político de la producción de conocimiento es una cuestión grave para la izquierda y si nuestro objetivo es el poder, aunque parezca prematura es obligatorio discutirlo.

El capital financiero también se ha asegurado el futuro de sus inversiones. Pues estos gobiernos le están preparando técnica e ideológicamente los relevos generacionales que facilite consolidar su dominio sobre los sistemas educativo y científico. El primer paso, fue la adopción de las directivas programáticas educativas elaboradas por el FMI, BID, BM, etc. para aplicarlos en la enseñanza primaria, secundaria y técnica.

Con la Universidad la situación es más difícil pero que es necesario resolver, en tanto, las circunstancias de su evolución y proyección histórica la han transformado en la institución estatal donde se produce más del 80% del conocimiento científico y tecnológico del país. Este hecho es clave para los gobiernos, pues la convierte en la institución clave para aplicar políticas en ciencia y tecnología. El problema es que la Universidad tiene dos características, la autonomía técnica y el cogobierno, que le dificultan al gobierno que se le acepte pacíficamente su intervención en la orientación de sus actividades, sean las docentes, la de investigación e incluso, las de extensión. Es el cogobierno universitario el que traza y planifica sus políticas en cada uno de esos campos el que planifica las actividades de investigación y su destino social. ¿Cómo salvar estos dos formidables obstáculos, que además de estar inscripto como principios de la Ley Orgánica de 1958, está encarnado en la conciencia de la mayoría de los universitarios?

Tres opciones se les presentan a los gobiernos para doblegar los obstáculos legales y la resistencia militante de los universitarios. La más efectiva es aprovechar que la Universidad no tiene autonomía financiera y que su presupuesto depende de lo que los gobiernos estén dispuestos a invertir. Esta táctica, empleada por todos los gobiernos a lo largo de la historia, es la que más ha sido utilizada por los gobiernos del F.A. Sin lugar a dudas la implacable aplicación de reducir las partidas presupuestales a la Universidad deviene de la propia experiencia que el actual presidente y sus ministros, diputados y senadores, han adquirido, por ser egresados de la Universidad, por haber ocupado puestos relevantes como decanos, consejeros, integrantes de los claustros, etc., incluso, y esta es la mejor de las experiencias, militantes y dirigentes de los centros de estudiantes. Estos gobernantes al renegar de su pasado, como “no han agotado la actividad desarrollada hasta entonteces a favor de sus ideales la aplican ahora en contra de esos ideales. No haya reaccionario más implacable que el renovador fracasado; no hay enemigo más cruel de los elefantes salvajes que el elefante domesticado.” (10)

Enfrentado a la frágil pero todavía resistente oposición de integrantes de todos los órdenes docentes y funcionarios universitarios, pacientemente han tratado de penetrar en la Universidad de la República, obteniendo algunos importantes éxitos tales como la aceptación de inversiones que hace unas décadas se rechazaban por provenir de organismo considerados (como lo siguen siendo) apéndices del imperialismo. (11)

El gobierno del F.A. ha dado pasos agigantados en franca confrontación con la Universidad, estimulando la creación en serie de universidades privadas y la instalación de la UTEC primera de las anunciadas universidades estatales que producen conocimiento y forman profesionales de acuerdo con los requerimientos de las empresas extranjeras.

 

En estos últimos años se han acelerado los avances. Por ejemplo la Universidad ha sido marginada en una ley tan importante como lo es la de creación del Sistema Nacional de Transformación Productiva y Competitividad.(12)

Esta orientación se remata por una Resolución del Poder Ejecutivo del 27 de abril de 2018, que supera todos los límites que pudieran imaginarse de intervención inconsulta del gobierno en el proceso educativo, desconociendo el papel que la Ley Orgánica le asigna a la Universidad de la República en todas las etapas de la enseñanza superior.

Dice el numeral 1º de la Resolución: “Créase en el ámbito de la Presidencia un equipo de trabajo integrado por el Presidente del Centro Ceibal para el Apoyo a la Educación de la Niñez y la Adolescencia y el Presidente de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación con los cometidos de identificar y desarrollar postgrados en áreas de tecnología, innovación y emprendedurismo.”

A su vez, en el Considerando III) se designan los organismos encargados de establecer esta novedosa y arbitraria forma de otorgar títulos: “que la Agencia Nacional de Investigación e Innovación con sus programas para incentivar la formación de recursos humanos, el Plan Ceibal con la introducción y aplicación de tecnología vinculadas a la educación y el Laboratorio Tecnológico del Uruguay con su ecosistema tecnológico desarrollado en su Parque, pueden establecer los vínculos necesarios para desarrollar estas propuestas en el Uruguay.”

Esto se comenta solo.

 

Paralelamente a estos operativos funciona el Plan Ceibal, que, modelado y ejecutado de acuerdo con las propuestas técnicas y teóricas, de su creador intelectual Nicholas Negroponte en su libro Ser digital (Bein digital, 1995), es un operativo de tutoría ideológica masivo (semejante al que denunciara Kant en los prolegómenos de la revolución industrial) que afecta a niños y adolescentes y los prepara como mano de obra ya calificada para ingresar en el “ejército de reserva” intelectual a disposición del capital en el futuro, al cual le ofrece gratuitamente “un depósito inagotable de fuerza de trabajo disponible.”(13)

Es obvio, pero vale advertirlo, que aquí no se está proponiendo una política en ciencia y tecnología para la etapa de transición del capitalismo al socialismo. Su análisis demandaría investigar (que tenemos la obligación de hacer como fuerza política de izquierda) la experiencia histórica del movimiento socialista en general y, especialmente, por la trascendencia y los logros, de los países socialistas. No voy a avanzar sobre esta cuestión, simplemente anotar que el legado de las experiencias realizadas en la URSS, en el período de la revolución cultural socialista en China, y el proceso de producción científico y tecnológico en Cuba, tienen una importancia capital para el desarrollo de un modelo anticapitalista de producción científico y tecnológico.

Lo que se trata es de presentar las condiciones para organizar una línea política en ciencia y tecnología en la perspectiva histórica de ruptura con la dependencia imperialista. Lo que hay que cambiar es la orientación política que desde la dictadura se le ha impuesto al sistema científico, el cual progresivamente se lo ha transformado en instrumento de producción de conocimiento para asegurar las relaciones de dependencia. De lo que se trata es de convertirlo en instrumento para la liberación nacional y social.

Pero la ciencia y la tecnología no son fuerzas productivas autónomas, que por sí mismas puedan modificar la realidad social; responden a las condiciones que les imponen las relaciones sociales de producción y solamente el cambio de las mismas induce a un cambio en la orientación política de la ciencia y la tecnología. Y ese cambio se corresponderá con una transformación radical de la política económica-social: industrialización autónoma, reforma agraria, nacionalización de la banca, control de cambios, supresión del pago de intereses de la deuda externa, etc., que, si bien no operará automáticamente para eliminar la ideología cientificista-tecnocrática dominante en los colectivos científicos, será la base para promover un cambio en la conciencia de los científicos.

 

(Aporte del profesor Alción Cheroni, epistemólogo de la Udelar)
 

1 Peter Winn, El imperio informal británico en el Uruguay en el siglo XX. Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1975, p. 46

2 Carlos Quijano, La Limosna y la cartilla. MARCHA, 14 de enero de 1966. Cuadernos de Marcha. Tercera época, año I, número 5. Carlos Quijano. Miremos los hechos de Frente, p. 36. Vale la pena leeer todo el artículo y los que integran este Cuaderno y que tratan sobre desarrollo, ayuda externa, planificación, política económica y nacionalización de la banca..

3 Decreto de abril 29 de 1911, firmado por el Presidente José Batlle y Ordóñez y el Ministro de Industrias, Trabajo y Comunicaciones, Dr. Eduardo Acevedo, que con el concurso de los ingenieros José Serrato y Eduardo García de Zúñiga pueden considerarse los artífices del Capitalismo de Estado y sus correspondientes políticas educativas y científicas y tecnológicas.

4 Ministerio de Industrias. Notas sobre la organización agronómica de doces países en relación con las condiciones del Uruguay. 2 vol. Montevideo, Peña Hnos. Impresores, 1912, I, p. 36.

5 Ídem, I, p.62

6 Ibídem, I. p. 64

7 V. I. Lenin, La bancarrota de la Segunda Internacional, en Obras Escogidas, Moscú, Editorial Progreso,1975, Tomo 5, p. 234..

8 Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Edición a cargo de Pedro Scarón. México, Siglo XXI Editores, Libro Tercero, Tomo III/Vol. 7, p. 774.

9 Jean-Jacques Salomon, Ciencia y política. México, Siglo XXI Editores, 1974.

10 Bertold Brecht, Escritos sobre teatro. Tomo 2. Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión, p. 82.

11 Danilo Astori, Walter Cancela y otros, El F.M.I. y nosotros. Montevideo, ediciones de la Banda Oriental, 1983 y Samuel Lichtensztejn y Mónica Baer, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial. Estrategias y políticas del Poder Financiero. Uruguay, Editorial Nueva Sociedad, 1986.

12 Esta nueva ley tiene su historia, pues nace de un proyecto sustitutivo a la ley de creación del Sistema Nacional de Competividad que fuera objeto de múltiples objeciones.

13 Karl Marx, El Capital. Crítica de la economía política. Libro Primero. México, Siglo XXI Editores, 1988. Tomo I/Vol. 3, p. 801.

 

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